envia la noticia  :  enlaces a otras webs  :  encuestas anteriores  :  calendario  :  búsqueda avanzada  :  estadísticas del sitio  :  Forum  
 Bienvenido(a) a Club de Perplejos
 09/07/10 @ 03:23 AM CEST

NOCHE

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

 
                       
 
 
                                                                Por María Atrevença
 
 
Cubridora de manto luengo,
Maraña de azabaches,
Que en ti todo parece pardo,
Mas carbonera eres, la reina.
 
 
Noche oscura, noche clara,
Noche entrada en la alborada,
Que no espera, que no huye,
Que redime, que ilumina.
 
 
Es la noche de los sueños, 
noche abrazada de viento,
con farolillos de luna.
ya cubre los montes,
ya los valles y los campos.
Serpentea las estancias,
Rociando las vidas.
 
 
Noche sola y de compaña.
Noche de paz y de guerra.
Noche de amor y desamor
Noche de sexo y más sexo,
Noche que corre por la calles,
Que prende en los rincones.
 
 
Noche eterna,
Oscuridad en el tiempo,
Noche que es camino y posada.
Hacedora de hogueras,
Noche que seduce y nos conduce
En la esperanza del nuevo día.


0 comentarios
Agrega un comentario

BESOS DE HARINA

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                       
 
 
                                                                    Por María Atrevença
 
 
        Y al final del día no estará, tampoco cuando despierte, ni durante la jornada, perseguiré estrellas que en la noche se apagarán y evadiré mis pensamientos entre su olor y el mío, y creceré.
 
        Como águila que surcas los cielos, tan radiante en tu cortejo y certera vista, llegaste a mí, herido estabas en un ala y curártela quise junto al mar. Ven conmigo a la orilla y con la sal de esta agua que mana de mi dulce boca, haré besos que livianos bálsamos en tu piel serán, acercaré mi cuerpo al tuyo despacio, para que  en mi regazo puedas descansar, mientras vuela mi soledad.
 
        Y así acabé entre sus brazos, vencida por la ternura y el deseo de probar y probar sus labios con sabor a  harina. Mas mis besos fueron miles y verdaderos, pues de nada sirven si no se sienten. Y sentía su deseo y mi deseo crecía entre sus manos de cariciosa seda en mis riberas, su boca que ardía en mí prendió y febril noté su frente entre los surcos labiados, una suavidad humedecida resbalaba en la superficie sin dejar de rozarla, alterando los umbrales del placer.
 
        ¡Qué buena travesía la de su lengua sobre mis aguas! -, movida por ese viento aparente, con balance mesurado, estremeciendo mi cuerpo poco a poco desde el ecuador hasta las yemas de los dedos, que revoleteaban por su piel suavemente, descubriendo un cuerpo y un deseo. Abandonada a sus caprichos, rezumaba el mar de mis adentros y se alzaba en olas, que sin control paría una tempestad desbordando con agua de tibieza orgánica el navío. Su lengua como remo entraba y salía para avanzar rumbo a las entrañas, remaba por el canal jugoso del placer hacia un abisal oscuro, rico y voluptuoso. Y la mía envidiosa buscó su vela que desplegada estaba y con el aire de mi boca viró y en mi garganta tomó nuevo rumbo, las henchidas venas noté, su furia envolví con lamidos y corales blancos.
 
        Apilados y  entregados, amamantándonos, recorriéndonos de norte a sur, mojados con la espuma, surcando aguas profundas y los vientos sin recalmón alguno, amarrados al timón del placer, abiertos en un mar de aguas desatadas, con las manos en la red, sujetando los cuerpos en cada vaivén, así brotaron nuestras ansias, nuestras profundas  cuevas oscuras, destilando a la luz borbotones de gemidos  sin filtro y sin descanso.
 
        Ya se torna al silencio, después de la tempestad viene la calma. Y en esa aparente y dibujada mirada de sosiego, renace la ternura de los besos lentos y dulces, tiernos y jugosos, delicados y sabrosos como el fruto del deseo, que no es saciado nunca cuando un secreto eclosiona como fuente de emociones, fontana de siete colores entregada al rayo dorado que la toma y se abre en arco, acariciando el cielo.
 
        Las velas caídas, blancas y mecidas por el viento, rozan los rostros, entrelazan los cuerpos ardorosos y miman las formas que la fusión ha hecho de ellos…no hay momento más hermoso y sin embargo, imposible de eternizar.
 
        Y de los sueños del placer al sueño, se descansa después de tanto navegar. El silencio se hace dueño de la estancia y las volutas de humo acarician los pensamientos de la mujer desnuda sobre el lecho. Sus ojos cristalinos y en quietud, observan como esas figuras se difuminan en contacto con el aire, otra calada al cigarrillo la sigue manteniendo ensimismada. Es todo tan fugaz, tan breve es lo bueno como lo malo y aún así…la impronta que deja en nuestro interior, es tan  duradera, que se necesita toda una vida para olvidar.

        ¿Olvidar? Quiero sus besos suaves, blancos y finos como la harina, que tamiza mi cuerpo y mi alma. Inolvidables besos de harina.


0 comentarios
Agrega un comentario

ORACIÓN FÚNEBRE DE PERICLES (2)

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                           
 
 
            Era (o Siglo) de Pericles: Atenas, Grecia, 461 a 431 AC
 
 
Debiera yo también desear
que las reputaciones
de tantos hombres valientes
no estuvieran en peligro
en boca de un orador único,
de tal manera que ellas suban o bajen
según si habla bien o mal.
 
Puesto que es duro hablar adecuadamente,
cuando ya de entrada
se presenta la dificultad
de convencer al auditorio
que se está diciendo la verdad.
 
Por un lado,
el amigo a quien le son familiares
algunos hechos de la vida de estos muertos
puede pensar que varios aspectos
no han sido destacados
con la dedicación que desea
y que sabe que merecen.
 

Nota.- La “Oración fúnebre” de Pericles es una pieza oratoria compuesta por Pericles en honor de los caídos durante la guerra del Peloponeso. En la misma se expone el carácter democrático de Atenas y del valor de los combatientes en la defensa de los valores de libertad que inspiraron su heroísmo en la batalla.


0 comentarios
Agrega un comentario

ORACIÓN FÚNEBRE DE PERICLES (1)

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                           
 
 
Era (o Siglo) de Pericles: Atenas, Grecia, 461 a 431 AC
 
 
La mayoría de mis predecesores
en este sitio
nos ha dicho que es honesto
pronunciar algunas palabras,
exigidas por la ley
durante el entierro de aquellos
que han muerto en la batalla.
 
Por lo que se refiere a mi mismo,
me inclino a pensar
que el valor que se ha mostrado
en hechos concretos
ya ha sido saldado suficientemente
mediante los honores,
también mostrados en hechos concretos.
Vosotros mismos podéis apreciar
lo que ellos significan
ya que están participando
de este funeral
solventado por el pueblo.
 

Nota.- La “Oración fúnebre” de Pericles es una pieza oratoria compuesta por Pericles en honor de los caídos durante la guerra del Peloponeso. En la misma se expone el carácter democrático de Atenas y del valor de los combatientes en la defensa de los valores de libertad que inspiraron su heroísmo en la batalla.


0 comentarios
Agrega un comentario

EVANGELIO SEGÚN JUAN

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                       
 
 
Al principio ya existía la Palabra,
la Palabra se dirigía a Dios
y la Palabra era Dios:
ella al principio se dirigía a Dios.
Mediante ella se hizo todo;
sin ella no se hizo nada de lo hecho.
Ella contenía vida,
y esa vida era la luz del hombre;
esa luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la han comprendido.
 
        Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan; éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz y que por él todos llegasen a la fe. No era él la luz, era sólo testigo de la luz. La luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, estaba llegando al mundo.
 
En el mundo estuvo
y, aunque el mundo se hizo mediante ella,
el mundo no la conoció.
Vino a su casa
pero los suyos no la recibieron.
Pero a los que la recibieron
los hizo capaces de ser hijos de Dios.
 
        A los que le dan su adhesión, y éstos no nacen de linaje humano, ni por impulso de la carne ni por deseo de varón, sino que nacen de Dios.
 
Y la Palabra se hizo hombre,
acampó* entre nosotros
y contemplamos su gloria:
gloria de Hijo único del Padre,
lleno de amor y lealtad.
 
        De él daba testimonio Juan cuando clamaba:
    -Este es de quien yo dije: El que venía detrás de mí se me ha puesto delante, porque existía antes que yo.
 
Porque de su plenitud
todos nosotros recibimos,
ante todo un amor que responde a su amor.
 
        Porque la Ley se dio por medio de Moisés, el amor y la lealtad se hicieron realidad en Jesús el Mesías. A Dios nadie lo ha visto jamás; es el Hijo único, que es Dios y está al lado del Padre, quien lo ha explicado.
 
 
*.- La palabra original ha sido sustituida en la actualidad por “habitó”
 
 
Evangelio según Juan. Prólogo. Nueva Biblia Española dirigida por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos.
 
 
                                      


0 comentarios
Agrega un comentario

SOBRE EL GOZO DE LOS BIENES TEMPORALES

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                       
 
 
 
            “1.- El primer género de bienes que dijimos son los temporales: y por bienes temporales entendemos aquí riquezas, estados, oficios y otras pretensiones, e hijos, parientes, casamientos, etc.; todas las cuales son cosas de que se puede gozar la voluntad. Pero cuán vana cosa sea gozarse los hombres de las riquezas, títulos, estados, oficios y otras cosas que suelen ellos pretender, está claro, porque, si por ser el hombre más rico fuera más siervo de Dios debiérase gozar en las riquezas, pero antes le son causa que le ofenda, según lo enseña el Sabio, diciendo: Hijo, si fueres rico, no estarás libre de pecado (Eccl 11,10); que, aunque es verdad que los bienes temporales, de suyo, necesariamente no hacen pecar, pero, porque ordinariamente con flaqueza de afición se ase el corazón del hombre a ellos y falta a Dios – lo cual es pecado (porque pecado es faltar a Dios) -, por eso dice el Sabio que no estarás libre de pecado. Que por eso el Señor las llamó en el Evangelio espinas (Mt 13,22; Lc 8,14), para dar a entender que el que las manoseare con la voluntad quedará herido de algún pecado. Y aquella exclamación que hace en el Evangelio (por San Lucas tan para temer), diciendo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de los cielos los que tienen riquezas! (Lc 18,24) – es a saber: el gozo de ellas -, bien da a entender que no se debe el hombre gozar de las riquezas, pues a tanto peligro se pone; que para apartarnos de él dijo también David: Si abundaren las riquezas, no pongáis en ellas el corazón (Ps 61,11).”
 
 

San Juan de la Cruz.- Noche activa del espíritu.


0 comentarios
Agrega un comentario

SOBRE EL UNIVERSO

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                           
 
 
        “Otros indicadores del desarrollo tecnológico reciente son el consumo de electricidad y el número de artículos científicos publicados, que también muestran crecimiento exponencial, con tiempos de duplicación menores de 40 años. No hay indicios de que el desarrollo científico y tecnológico se vaya a frenar y a detenerse en el futuro próximo –ciertamente no en la época de Star Trek, que se supone que ocurre en un futuro no muy lejano-. Pero si el crecimiento de población y el consumo de electricidad siguen al ritmo actual, en el año 2600 la población mundial se estará tocando hombro con hombro, y el consumo de electricidad hará que la Tierra se ponga al rojo vivo.
 
        Si se pusieran en fila todos los nuevos libros publicados, nos deberíamos desplazar a ciento cincuenta kilómetros por hora para mantenernos al frente de la hilera. Naturalmente, en el año 2600 los nuevos trabajos científicos y artísticos tendrán formato electrónico en vez de ser libros y revistas. Sin embargo, si continuara el crecimiento exponencial, se publicarían diez artículos por segundo en mi especialidad de física teórica, y no tendría tiempo de leerlos.

        Claramente, el crecimiento exponencial actual no puede continuar indefinidamente. Por lo tanto, ¿qué va a ocurrir? Una posibilidad es que nos autodestruyamos completamente provocando algún desastre, como por ejemplo una guerra nuclear. Sería una triste ironía que el motivo por el cual no hemos sido contactados por extraterrestres fuera que cuando una civilización alcanza nuestro estadio de desarrollo deviene inestable y se autodestruye. Sin embargo, soy optimista. No creo que la especie humana haya llegado tan lejos sólo para eliminarse a sí misma cuando las cosas se están poniendo interesantes.”


0 comentarios
Agrega un comentario

SÓLO LA MAR

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                           
 
 
         “Conozco desde muy chico la copla de un fandanguillo que declara:
 
                Yo no le temo a remar
                que yo remar remaría,
                lo que le temo es al viento
                que sale de la bahía.
 
        El viento de la bahía, el milenario de los fenicios, los griegos, los árabes… Nuestro mismo viento de ahora: el levante. El mismo viento aquel de los días colegiales, de las novias en las azoteas, de las rabonas playeras en las dunas. El viento, el viento de Cádiz. El viento enloquecedor, acelerador de la sangre de todos los asomados a estas orillas, que se presenta así, casi sin aviso, atravesando de una punta a otra las calles, los entubados callejones. Azotador, sobre todo de las palmeras y más aun cuando están cercanas de algún muro y se oyen los palmetazos como contra unas espaldas de piedra. Sólo los impasibles dragos centenarios de Cádiz, rígidos y de broncíneas espadas, lo aguantan. Él es el mismo viento amante erótico de las azoteas, los tendederos de las ropas colgadas, que las hincha habitándolas a su paso, haciendo de los pantalones y camisas verdaderos personajes inflados contra el cielo. El levante arremolina los papeles arrojados a las calles y plazas, lanzando las hojas del otoño contra las puertas y los zaguanes, en donde las almacena. <Ha llegado el levante>, anuncia la gente. Viene de allá, del Estrecho, de África. Se oculta, sabe Dios en que cueva submarina o quién sabe en qué torre invisible, de donde se escapa o sale hacia las cuatro de la tarde, empujando, a veces, el mar de las orillas, alejándolo, dejándole al descubierto una barra ondulada, llena de bandas azules, entremezcladas, en las que tiemblan, chispeando, mínimos pececillos, que no pudieron retirarse. Yo no supe nunca donde estaba el levante, en donde se escondía, pero tenía miedo de que un día, al doblar una esquina cualquiera hacia la playa, me arrebatase, alzándome del suelo, llevándome, sabe Dios si más allá de Tarifa, hacia Ceuta y Melilla, hacia las arenas del Sáhara. No sé. Así y todo, creo que yo no he tenido mucho miedo. Su mismo nombre –el levante- siempre me gustó, considerándolo un arrebatado y misterioso ser que aparecía con frecuencia en la bahía, electrizándolo todo.”
 
Rafael Alberti.- La arboleda perdida
 

P.D.- El texto está recogido de la excelente edición de María Asunción Mateo que lleva por título el presente encabezado.


0 comentarios
Agrega un comentario

SAGA DE EGIL SKALLAGRÍMSSON

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                           
 
 
                                        61.- Egil, salvado
 
 
        El rey Eirík permaneció sentado, erguido, mientras Egil recitaba el poema, y clavaba su mirada en él; cuando concluyó la drápa dijo el rey: <Muy bien has dicho tu poema; ya he decidido, Arinbjörn, cómo arreglar el pleito entre Egil y yo. Has defendido con mucha vehemencia el caso de Egil, y te has arriesgado a tener dificultades conmigo; ahora, por ti, haré lo que has pedido; Egil saldrá sin daño de mi vista. Tú, Egil, apresura tu viaje y, cuando salgas de esta sala, no vuelvas nunca más ante mi vista o la de mis hijos, nunca te enfrentes a mí o a mi gente. Esta vez te regalo tu cabeza, pues la pusiste a mi merced y no quiero cometer un crimen en ti; pero a fe que has de saber que esto no es la reconciliación conmigo ni con mis hijos ni con ninguno de nuestros parientes que desee tomar venganza.>
 
        Entonces dijo Egil:
 
                No me incomoda
                que aunque yo sea feo
                me regale le rey
                del yelmo el apoyo
                ¿dónde hubo alguno
                que de rey tan noble
                hubiera alcanzado
                la vida cual don?
 
Snorri Sturluson.- La saga de Egil Skallagrímsson
 

P.D.- No todos los expertos en literatura están de acuerdo en señalar a Snorri Sturluson como autor de esta saga medieval. De hecho no son pocos los que la consideran anónima y producto de una extensa narración oral que se pulió durante generaciones hasta aparecer en formato de escritura en el siglo XIII.


0 comentarios
Agrega un comentario

DIARIO DE UN POETA RECIÉN CASADO

 Envíala a un(a) amigo(a) Ver la versión para imprimir 

                                           
                                    Juan Ramón Jiménez
 
 
 
                                                    Walt Whitman
 
        -PERO, ¿de veras quiere usted ver la casa de Whitman mejor que la de Roosevelt? ¡Nadie me ha pedido nunca tal cosa…!
 
        …La casa es pequeña y amarilla, y está junto a la vía férrea, como la casa de un guardagujas, en una praderita verde limitada de piedrecillas con cal, bajo un solo árbol. En torno, el llano inmenso se ofrece al viento, que lo barre y nos barre, y deja mondo el mármol tosco y humilde que le dice a los trenes:
 
                        To mark the birthplace of
                               Walt Whitman
                              The good gray poet
                              Born may, 31-1819
                        Erected by de Colonial Society
                              Of Huntingion in 1905
 
        Como el estanciero no parece que está, doy vueltas a la casa, intentando ver algo por sus ventanuchos… De pronto, un hombre alto, lento y barbudo, en camisa y con sombrero ancho, como el retrato juvenil de Whitman, viene -¿de dónde?- y me dice, apoyado en su barra de hierro, que no sabe quién es Whitman, que él es polaco, que la casa es suya y que no tiene ganas de enseñársela a nadie. Y, encojiéndose, se mete dentro, por la puertecita que parece de juguete.
 
        Soledad y frio. Pasa un tren, contra el viento. El sol, grana un instante, se muere tras el bosque bajo, y en la charca verde y un poco sangrienta que bordeamos, silban, en el silencio enorme, innumerables sapos.
 

Juan Ramón Jiménez.- Diario de un poeta recién casado.


0 comentarios
Agrega un comentario
 Derechos de autor © 2010 Club de Perplejos
 Todas las marcas y derechos en esta página son de sus respectivos dueños.

Diseño Web por SYNC intertaiment