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 Bienvenido(a) a Club de Perplejos
 09/05/10 @ 09:15 AM CEST

ESTUVO BIEN

   

                   
                     Janis Ian
 
 
 
        Por Francisco Martínez Sierra
 
 
                Mi editor (y sin embargo amigo) se ha tomado el empeño de ponerme en marcha en estos tiempos que para mí son de molicie. No hace muchos días que disfrutamos de una jornada tranquila una de las Rosas a las que citaba en uno de mis escritos, mi editor (que al tiempo es su amable -y seguramente también amante- esposo) y el que esto escribe. En la sobremesa -alargada como todas nuestras sobremesas- volvió a presionarme para que escriba o haga algo. Y hace unos días ha seguido erre que erre, invitándome a que escriba un hasta luego en este nuestro club de perplejos. Así que no me queda mas remedio que parir algo y de nuevo caigo en la perplejidad: ¿qué hacer? Como nunca he dominado el arte de las despedidas he optado por ponerme en situación, repitiendo los ritos con los que hacía mis croniquillas: algo de música que me emocione y que active en mi memoria algún recuerdo amable.
 
                Y en esas estoy, escuchando un viejo disco de una dama que cantaba bonito. La dama en cuestión es Janis Ian y el disco se titula Between the lines. Entre las varias preciosas baladas que la buena de Janis borda en este disco disfruto especialmente con Lover’s lullaby (que se puede traducir como Canción de cuna del amante) Y escuchándola vienen a mi mente algunos momentos vividos con los amigos.
 
                No puedo precisar la fecha, pero sí sé que era un día de plenilunio de este verano. El lugar, el llamado Peñón del Cuervo, muy cerca de la ciudad de Málaga y frente a lo que llamamos los malagueños la “fábrica de la porla” (o sea la fábrica del cemento, Portland en lengua inglesa). El motivo, un concierto de mister Joe Cocker.  La compaña, el decorador de interiores y otros de mis amigos de El Chaparral que van de viejos roqueros además de mi hermana Blanca. Los que hayan oído hablar de la senda de los elefantes entenderán que la campa en la que se hizo el concierto recordaba esa leyenda africana: viejos elefantes y elefantas -muchos de ellos/ellas británicos- reunidos en torno a un viejo macho entregado a la causa del rock and roll y el blues. Yo no sé si es cierto que los viejos roqueros nunca mueren, pero sí estoy seguro que el señor Joe Cocker está muy vivo.
 
                En otro de mis recuerdos amables de este verano que termina entre tormentas (atmosféricas y de las otras) aparece nuestro editor. Concluida la sobremesa mencionada más arriba nos llegamos él y yo a ver un campo de golf que han levantado no lejos de donde vivo, descubriendo que nuestras aficiones nos hermanaban por ¿casualidad? Los recorridos de dicho campo de golf y los pagos donde suelo ir a buscar espárragos en primavera están al lado, separados por vaguadas cubiertas de chaparras frondosas. Así que hemos quedado para ir juntos por allí, armados uno con palos y el otro con navaja, y para concluir nuestras tareas tomando alguna que otra cervecita en el bar de Jose, que las ponen muy fresquitas y con buenas tapas.

                Bueno, hasta aquí he llegado. Como se decía en las películas de vaqueros ha sido un placer y un honor cabalgar juntos. Y al decir juntos me refiero tanto a mi editor como a los colaboradores de los últimos tiempos como a todos aquellos y aquellas que hayan tenido el gusto (y supongo que también el disgusto) de leernos y hacer algún comentario. No sé si volveremos a cabalgar juntos, pero tal vez We’ll talk it over again sometime (esto lo canta Janis Ian) En todo caso estuvo bien, muy bien.




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