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 09/05/10 @ 10:13 AM CEST

AUTORRETRATO EN CHACARITA

   

                   
 
 
                            “Y sin temer nada”
 
 
        Parece que lo escribiste para mí. El mudo saludo de un viejo amigo que recorre un caminito que el tiempo borrará. Superé el pánico y fui capaz de subir al avión. Diez mil kilómetros de vuelo para leer tu epitafio en esta sencilla tumba del inmenso cementerio de Chacarita. No esperes que regrese a visitarte y no me digas que parece la letra de un tango. Hoy he venido por primera y última vez.
 
        Desde el día que te fuiste sentí algo parecido a una angustia en mi pecho. Quizá la premonición de que no hubo despedida aunque los dos supimos que al volvernos a encontrar no habría más pena ni olvido. Ya pronto no serás más que una sombra en la memoria. Una sombra lo mismo que yo que ahora proyecto mi figura sobre éste parterre 735 que elegiste como última morada. Cerca de Alfonsina Storni, junto a Carlos Gardel. En compañía de Juan Domingo Perón que no todo iba a ser perfecto. En cualquier comunidad de vecinos siempre hay uno que da mala fama al resto.
 
        Lo decidí un lunes de desolación. Empujado por una caravana de recuerdos que pasaron ante mis ojos como una estela dulce de emociones desenterradas. Compré el billete antes de que no quedasen muchas hebras de la historia de la trenza de nuestra amistad. Aquí me tienes. Y sin temer nada como reclamas en tu mensaje de despedida que permanecerá en la piedra hasta que el viento lo borre. ¿Era necesario que me empujases a este largo viaje? Las manos tensas y blancas clavadas con desesperación a los reposabrazos en cada cambio de presión. El valor me abandonó al ocupar mi asiento. Como apuntaste en una ocasión, contra el destino nadie da la talla.
 
        Tuve tiempo de sobra para recordar nuestra última conversación que remataste con tu sorprendente anuncio de un retorno del que habías abominado siempre. Tu confesión sincera en la que me reprochaste que nunca  imaginara la hondura y amargor de tu eterna soledad. Que vivías con el alma aferrada a un dulce recuerdo por el que llorabas una y otra vez. Que descubriste demasiado tarde que tu vida se fue a cada instante tras de aquella que no supo apreciar nunca tu amor. A ese punto llegaste casi en la penúltima copa. Antes de abrir definitivamente la ventana de la jaula de la comunicación. Me rendí a la evidencia de que yo no supiese nunca, no pudiese creer que me provocara risa verte tiraó a sus pies.
 
        Quizá llevamos demasiado lejos la promesa de una noche de borrachera al viejo estilo y el tiempo se tomó fiera venganza; me permitió verte completamente deshecho. Entonces me anunciaste que te sentías como un ave que en su camino había roto todas las cuerdas de su cantar. Que llegaste a la conclusión de que aunque nunca quisiste el regreso, siempre se vuelve al primer amor. No volvimos a vernos. Me enteré de tu partida inesperada en una noche de silencio en la que todo estaba en calma. ¿Mereció la pena?
 
        Apenas disfruté del paseo por Corrientes mientras aguardaba al transporte hasta Chacarita. Siempre tuviste el alma inquieta como un gorrión sentimental aunque te empeñabas en ser el camarada payaso que nos invitaba, con sus muecas y risa exagerada, a gozar del carnaval. Tuviste algo de paria que se empeñó en cruzar por caminos que el destino se empeñaba en deshacer. Te enseñó que aunque te quebrase la vida o te hiciese morder el polvo del dolor no debías esperar una ayuda, una mano, un favor. En cada brindis nos insistías en que la vida era tan frágil como la espuma del champán; que no merecía la pena pasar por ella si no eras capaz de todas las locuras por una cabeza de potrillo en la apuesta de la fortuna. Así que aquí me tienes. En tu Buenos Aires querido que finalmente volviste a ver. Fiel a tu epitafio en Chacarita, sin nada que temer.
 
 
 
            P.D. Coda. Epílogo.- Gracias al que sembró el último comentario en esta sección, quienquiera que seas. Está bien que ambos nos consideremos anónimos, está mucho mejor que palabras sueltas e inesperadas infundan respeto y comprensión. A veces tenemos dudas, a veces sentimos que alguien supo ser piadoso con nuestras decisiones. 




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