Creo que no he dejado de votar ni una sola vez desde que en este país recuperamos el derecho de los ciudadanos para orientar la cosa pública. Pero no siempre lo he hecho con ilusión. Tampoco esta vez.
En la banda sonora de Forrest Gump hay una muy hermosa canción titulada Against the Wind que interpretan Bob Seeger & The Silver Bullet Band. Durante los primeros años de la recuperada democracia así iba yo, contra el viento. Por aquel entonces era un militante convencido de una pequeña banda llamada Movimiento Comunista, de orientación “consejista” más o menos inspirada en las ideas de gentes como la alemana Rosa Luxembourg o el holandés Antón Pannekoek. Ni que decir tiene que nunca ganamos nada en ninguna de las votaciones a las que concurrimos.
Pasados mis años de fervor revolucionario dejé de militar en cualquier grupo, aunque seguí acudiendo a votar “... still against the wind”. Con ilusión me movilicé y voté contra la permanencia de España en la OTAN, con el resultado de todos conocido. Cuando el señor Suárez y sus fieles amigos montaron aquella aventura que se dio en llamar Centro Democrático y Social volví a sentirme movilizado por la idea de que fuera el germen de una especie de partido radical. Aunque los resultados electorales no fueron malos seguí perdiendo en mi apuesta: el germen no llegó a agarrar y terminó por agostarse.
La irrupción de Julio Anguita y el lanzamiento original del proyecto de una Izquierda Unida abierta a la discusión de ideas en torno a un programa de largo alcance volvió a hacerme sentir algunas esperanzas en materia de política. Aunque nunca ganamos ninguna votación parecía que se podía cambiar la forma de hacer política. Los dos grandes partidos “institucionales” no podían evitar la comezón que les producía esa mosca cojonera que fue el señor Anguita y su repetición machacona de “programa, programa y programa”. He dicho que nunca ganamos, pero eso no es del todo cierto: gracias a aquella Izquierda Unida mi hijo no ha sido llamado a filas y puedo recordar la etapa de la mal llamada “pinza” como el periodo en que un viento fresco oxigenó la pesada atmósfera de la política andaluza.
No hace tanto tiempo he vuelto a votar contra el viento por dos veces. Como me he leído los textos de la llamada Constitución Europea y del nuevo Estatuto de Autonomía para Andalucía me he opuesto a ambos por diversas razones, especialmente por el afán reglamentista que los inspiran. Amo tanto el carácter abierto de las sociedades y la buena redacción que no podía avalar con mi voto estos, para mí, engendros. De nuevo he vuelto a perder en uno y otro caso.
En el día de hoy me he encerrado en la cabina electoral sin una idea preconcebida de a quién votar. No voy a decir cual ha sido mi voto, pero sí estoy seguro que no será ganador. De vuelta a casa me embarga una cierta melancolía que me lleva a escuchar el River of Tears de Eric Clapton. Al final, mientras concluyo este texto, no me resisto a la tentación de volver a oír cantar a Bob Seeger su Against the Wind.
Los siguientes comentarios son de la persona que los haya enviado. Este sitio no se hace responsable de las opiniones expresadas por los participantes en los foros y secciones de comentarios, y el hecho de publicar las mismas no significa que esté de acuerdo con ellas.