3.- Circunstancia imprevisible o cuyas consecuencias no pueden estimarse.”
“Imprevisto: No previsto.
2.- En la Administración, gastos con los que no se contaba y para los cuales no hay crédito habilitado”
Diccionario de la Lengua Española. (Real Academia Española)
Tuve dudas a la hora de titular este breve comentario. Lo que me había sucedido ¿era un imprevisto o un imponderable? Afortunadamente y como me sucede en numerosas ocasiones la Real Academia Española de la Lengua acudió en mi auxilio y despejó la incógnita. Nunca agradeceré lo suficiente a los dioses (si es que existen) la inspiración que tuve a la hora de decidir aprovisionarme de un nutrido paquete de diccionarios de consulta ante la perspectiva, evidente, de comenzar esta andadura de Club de Perplejos.
A lo largo de la trayectoria de esta página Web creo que ha quedado patente el homenaje que desde aquí se ha realizado a todos cuanto se esmeran y trabajan, en muchos casos desde un injusto anonimato, para limpiar, fijar y dar esplendor a nuestro amado idioma. Pero en esta ocasión no se trata de rendir testimonio de mi admiración por el español al que ahora se trata de rebajar con el adjetivo de castellano. En éste caso, como en casi todos, el uso de lo políticamente correcto me la trae al pairo. A veces creo que ya soy demasiado mayor para entrar en la cofradía de lo ortodoxo.
El hecho cierto es que durante unas horas consideré la posibilidad de no renovar los textos que cada semana se cuelgan en este rincón de la globosfera. Cuando trabajaba sobre ellos (en la parcela que me corresponde. Don Francisco y Doña María tienen su propio ritmo) una sucesión de acontecimientos me puso fuera de mi rutina cotidiana. Me gustaría decir que eran imprevisibles o inesperados pero, pensándolo bien, eran la consecuencia lógica de un diagnóstico acertado. A veces sucede que las previsiones de los profesionales de la medicina van por un camino y las dolencias escogen el suyo.
Siempre he defendido que la medicina española es una de las mejores del mundo. Mi amigo Gregorio, desgraciadamente desaparecido, ya me dijo hace mucho tiempo que mientras Croacia, Turquía o Marruecos no tuviesen el nivel de la sanidad de nuestro país, nunca peligraría nuestra presencia en el top ten de los destinos turísticos. Naturalmente llevaba razón. Pero por mucho que les considere, tampoco era cuestión de pedir al cirujano y a su equipo médico, que completasen su labor escribiendo algún comentario para Club de Perplejos. Quizá debería haberme atrevido.
Amo los imponderables y siempre me han parecido una muestra hermosa y significativa del devenir del ser humano. Nada está escrito en las estrellas, salvo el lenguaje del Universo, y por mucho que el hombre (la mujer también y sobre todo) se esfuerce, todos los planes previstos se van al garete en cuanto al viento de la vida le plazca. Es una constante lección de humildad que nos negamos a aceptar. Creemos que somos los reyes del planeta cuando no pasamos de ser unos molestos inquilinos. Al menos deberíamos afrontarlo con un cierto sentido del humor. Un quiste coloidal que se torsiona es una circunstancia imprevisible (a la hora de planificar un calendario de escritura). Gracias a ello he podido actualizar esta consecuencia que no podía estimarse hasta que acepté, con risueña resignación, un nuevo y estimado imponderable.
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